Hay frases que de entrada suenan bien. Una de época es “hay que separar el poder económico del poder político”, popularizada por el Presidente de la República. Observémosla con detenimiento. Se trata de un enunciado que cualquier persona puede entender. En dos ocasiones se resalta la palabra poder, para que no se nos escape el hecho, al parecer innegable, de que hay otros que toman decisiones que pesan más que las nuestras. También oímos una afirmación pegajosa, que hay una unión ilegítima entre economía y política, y un llamado a divorciarlos de una vez y para siempre. Suena bien… y no dice mucho. ¿Cuál es su problema? Que puede significar tantas cosas como queramos sin entrar al meollo del asunto: la necesaria (y complicada) relación entre el interés público y el interés privado.

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Lo escuchamos de vez en cuando y después se ahoga en un mar de noticias: “el trabajo en el futuro no será igual”. Se nos dice que la automatización, la globalización y el envejecimiento de la población cambiarán para siempre la dinámica laboral. De vez en cuando, nos topamos con alguna estimación contundente como que el 65% de los niños que actualmente están en la guardería tendrán un trabajo que aún no existe o que cerca del 50% de los trabajos serán automatizados. Pero aún no terminamos de comprender cómo y cuándo sucederá.

Se avecina una recesión económica en México y no sabemos qué esperar del gobierno. Se nos dice que habrá más desempleo y que muchas empresas bajarán sus ventas — que muchas, incluso, tendrán que cerrar. A los ciudadanos nos esperan golpes cuya fuerza dependerá, en gran medida, de nuestros ahorros y fuentes de ingreso. La fuerza de los golpes no será igual para todos. Las familias más pobres y con ingreso medio serán las más afectadas, pues dependen de salarios en industrias que reaccionan con recortes al personal (manufacturera, automotriz, etc.). Dicho sin rodeos, habrá más pobreza en nuestro país.

Con el trabajo se construyen las naciones y los economistas lo han señalado desde hace siglos; no podemos comprender nuestra época sin estudiarlo.
Empecemos reconociendo que en México el empleo ha estado muy ligado a la política. Desde los 80s, la federación generó programas nacionales para mantener los salarios bajos y la “paz laboral” a toda costa, con el fin de atraer inversión extranjera.