De las marchas y protestas por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la imagen más vívida que quedó en mi mente es la de las multitudes en el Zócalo que se congregaban alrededor de unas enormes letras de fuego que decían: FUE EL ESTADO. Recuerdo sentir una extraña conmoción viendo esas imágenes, un sentimiento que oscilaba entre miedo y ansias animales de rebeldía. Como el niño en la escuela que ve que, en ausencia del maestro, el caos se empieza a desatar y se debate entre unirse al creciente frenesí o resguardarse al amparo de la autoridad.