Ningún deseo es reprobable. Nadie puede ser juzgado por un pensamiento íntimo y secreto, por más depravado que sea, porque la maldad de una sola de estas imaginaciones nos haría merecedores de una tortura perpetua en la prisión más oscura y pestilente. Sólo las acciones pueden ser valoradas moralmente. En el caso del arte, la división entre lo implícito y lo explícito no es suficiente para determinar si se trata efectivamente de arte o de algo totalmente diferente. Intentaré aclarar a lo que me refiero: una novela puede narrar una violación, una película puede mostrar un caso de abuso sexual, pero cómo se presentan los hechos hace un mundo de diferencia entre si se trata de la descripción artística de un evento o más bien de una justificación del acto descrito. En otras palabras, en materia de arte no hay temas prohibidos: el juicio moral recae en la forma en la que se tratan estos temas.