En Argentina, el gobierno de Alberto Fernández ya se comprometió a adquirir 15 millones de dosis de la vacuna rusa conocida como Sputnik V. Sin embargo, la noticia de que el presidente Vladimir Putin no se la aplicará por estar contraindicada a mayores de 60 años, cayó como un balde de agua fría al país sudamericano, el cual se preparaba para iniciar la vacunación masiva a los grupos más vulnerables, incluidos adultos mayores, a finales de este mes.

De Salomón sabemos por el Primer Libro de los Reyes, encontrado en el Antiguo Testamento. Allí se narra algo maravilloso: “Pronunció Salomón tres mil proverbios y sus poemas llegaron a cinco mil; disertó sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que brota en la pared, y sobre los animales, aves, reptiles y peces” (1 Re 5: 12–13). ¡Quién se negaría a una vida así! Una vida dedicada a unir el amor por la creación con el amor por la Creación. Dimensionémoslo un minuto. Si nos propusiéramos escribir un poema diario, tardaríamos más de trece años en emparejarnos con el rey. Y qué decir de sus proverbios; con que nos saliera de la boca uno así de sincero iluminaríamos el resto de nuestros días: “El que vigila sus palabras, guarda su vida; el que habla sin sentido, busca su ruina” (Prov 13: 3). Lo más sorprendente es que estas cuidadosas palabras las pronunció el líder de varios reinos, que iban “desde el río Éufrates… hasta el término de Egipto” (1 Re 5: 1). Sabemos que sus riquezas eran inmensas, casi tanto como sus responsabilidades.

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De las marchas y protestas por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la imagen más vívida que quedó en mi mente es la de las multitudes en el Zócalo que se congregaban alrededor de unas enormes letras de fuego que decían: FUE EL ESTADO. Recuerdo sentir una extraña conmoción viendo esas imágenes, un sentimiento que oscilaba entre miedo y ansias animales de rebeldía. Como el niño en la escuela que ve que, en ausencia del maestro, el caos se empieza a desatar y se debate entre unirse al creciente frenesí o resguardarse al amparo de la autoridad.