¡Pinche reseña!

México, Distrito Federal, 1969. De gabardina y sombrero de ala encontramos a Filiberto García sentado en un café de chinos. Fuera de esa cicatriz en su mejilla izquierda, nada en él despierta nuestra curiosidad. Sólo usted sabe, amable lector, (y eso porque tiene el privilegio de escucharlo de mí) que Filiberto anda metido en una intriga. Una intriga internacional, como de esas que pasan en las películas gringas. De su gabardina saca un paquete de Delicados y unos fósforos, enciende un cigarro y lo fuma. Devuelve el paquete a su lugar… ¿Se dio cuenta? ¿No? No se preocupe, que para eso estoy aquí. Si observa bien, puede notar un bulto extraño en la gabardina, en su costado derecho. Por supuesto que es un arma: una cuarenta y cinco para ser exactos. Y es que si en algo es bueno Filiberto, es matando. Aunque justo sobre eso le advirtió el Coronel: “no haga uso de violencia a menos que la situación lo requiera, pero siempre con discreción, García, siempre con discreción”. ¡Pinche discreción! Usted bien sabe que antes no importaba la discreción, ahora hay mucha ley y mucha conciencia y los jefes no se quieren manchar las manos de sangre. ¡Pinches jefes!

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René Magritte, Golconda, 1953, The Menil Collection, Houston, Texas.

Y con esta breve introducción nos sumergimos en el violento entramado policiaco mexicano. Así es, amable lector: nos encontramos frente a la primera novela negra mexicana. Y si para usted no es suficiente, entonces déjeme contarle más. Es verdad, no le he dicho ni de quién carajos estoy hablando. Le debo una disculpa, simpático lector. Se trata de El complot mongol, escrita por el polifacético Rafael Bernal. No se avergüence, que yo tampoco lo conocía. Un momento, que Filiberto se va a levantar. Da un último trago a su café, deja un billete de 10 pesos y sale del negocio. Es momento de seguirlo, pero guardando la distancia. ¿Ya vio dónde estamos? Justo en la calle de Dolores, en el mero corazón del mediocre barrio chino. Pero no se distraiga, porque estamos en territorio de García y algún chino, de esos con los que juega al póker, puede darle el pitazo. ¡Pinches chinos! Filiberto se acerca al teléfono público. Seguro habla con el Coronel porque hasta acá se puede ver la incomodidad en su rostro. Debe estar molesto con todo esto de la intriga internacional y los chinos y los gringos y la Mongolia Exterior. García no entiende cómo terminó en esta intriga, para él hay una mejor solución a todo esto: unos plomazos. Como en los tiempos de la Revolución, donde no se investigaba; se ejecutaba. Porque eso es Filiberto García, una máquina de hacer muertitos. Pero el Coronel quiere hacerle a la intriga y descubrir el complot. ¡Pinche Coronel y pinche complot! Así es. Filiberto no es ningún espía, es un matón y aun así terminó en una intriga internacional en colaboración con el FBI y la KGB. Porque este asunto no solo compete a México, sino a organizaciones de mayor calibre. ¡Pinches rusos! Tuvieron que salir con su chisme de que los chinos preparaban algo y el Coronel que tuvo que llamar a Filiberto. Bien sabe que García solo es bueno para matar y aun así lo buscó para esta misión. Y todavía se hace el sorprendido cuando Filiberto le dijo que tuvo que matar a dos que lo seguían. ¡Pinches muertos! Pero no se espante, querido lector, que Filiberto no se ha percatado de nosotros, está muy atento a las piernas de Martita, la china que trabaja en la tienda de Liu. Filiberto se acerca al mostrador y habla con Martita, quien le devuelve una sonrisa. Coquetea con ella, la corteja. A Filiberto se le ve fervoroso y es que nunca se le ha hecho con una china. Sale de la tienda con dirección a la Alameda. Llega al Sanborns, pero se detiene antes de entrar. Le pide a un bolero que lustre sus zapatos. No se deje engañar, Filiberto aprovecha para observar y calcular. Así que mejor sigámonos derecho. Le da unas monedas al bolero y ahora sí entra al Sanborns. Observa los aparadores y detiene su mirada en un sujeto que parece turista. ¿Será gringo, polaco, ruso? Se acerca y lo saluda con gran entusiasmo. ¿Será parte del complot o es un viejo amigo de García? Caminemos al restaurante donde ahora se encuentran para averiguarlo. ¡Y por el amor de Dios!, no beba el café del Sanborns que más bien parece agua de calcetín. ¡Pinche Sanborns!

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Rafael Bernal, El complot mongol, Joaquín Mortiz, México, 2014

¿De qué están hablando? No, yo tampoco alcanzo a escuchar. Solo puedo ver la sonrisa del amigo de García. Seguro se intercambian información sobre los chinos y planean los siguientes pasos de su investigación. ¡Pinche investigación! Lo que quisiera estar haciendo Filiberto es estar con Martita, no estarse haciendo el maje con eso de la intriga internacional. Ahora García se encuentra solo; vuelve a sacar los Delicados. Está por encender su cigarro, pero algo llama su atención. Fija su mirada en un par de comensales a seis mesas de donde se encuentra. No quiero espantarlo, estimado lector, pero creo que Filiberto se ha percatado de nuestra presencia. Por favor, actúe con naturalidad. García se levanta y camina hacia nosotros. Sus grandes ojos verdes se posan sobre nosotros. ¿Recuerda el bulto extraño que notamos al principio? Pues parece que Filiberto está listo para usar su cuarenta y cinco. Sigue caminando, con paso lento y confiado. García es una máquina de hacer muertitos, así que no hará preguntas, irá directo al grano. Lamento no haberlo alertado antes. Lo único que podemos hacer ahora es cerrar los ojos y rezar. Rezar porque Filiberto se compadezca de usted y de mí. Silencio. ¿Se encuentra bien? Yo tampoco lo veo por ninguna parte. Perdimos su rastro. ¿Qué es lo que dice? Por supuesto, quedan muchas preguntas sin resolver. ¿Realmente los chinos preparan algo? ¿Filiberto será capaz de resolver el complot? ¿El Coronel soportará más muertes? ¿Qué interés tiene el FBI en todo esto? Y la más importante de todas, ¿se le hará a García con la Martita? Creo que ahora, amigo mío, es deber suyo averiguarlo. Tome su gabardina, su arma y sus Delicados y salga a las calles del centro. No se haga el maje y éntrele a la intriga internacional. Eso sí, con mucho cuidado que, aunque haya mucho gobierno y mucho orden en este país, para Filiberto solo existe una ley y no querrá conocerla. ¡Pinche ley! ¡Pinche Filiberto!

Autor

  • Estudió Ingeniería Química en la UNAM, tiene experiencia en la excavación de gasoductos y ahora trabaja en el sector de energías renovables. Las largas horas bajo tierra, sin luz del sol o compañía humana, moldearon su atracción por la literatura grotesca, de terror y ciencia ficción. Es el principal representante del género queer subterráneo en México.

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