La terapia incesante

Hay novelas que vale la pena leer solo por una de sus páginas y La conciencia de Zeno es una de ellas. Leí durante un par de meses sus páginas buscando una gran revelación o alguna escena incandescente. No las encontré. Imaginé, como acostumbro, cada uno de los pasajes relatados por Zeno, un italiano mentiroso y bonachón que acude al psicoanálisis para dejar de fumar. Su terapeuta, el Dr. S., le aconseja escribir su autobiografía para desenterrar las causas de su terrible “enfermedad”. Así fui arrastrado a la mente de Zeno y sus largos discursos moralizadores, su compulsión por jamás concluir lo que empieza y sus constantes quejas por un matrimonio que se desborda en cariños. Vi a Ada, joven bella y capricciosa, caminando apresurada por la antigua Trieste. Escuché a Guido Speier interpretar una chacona en el violín para conquistarla y lo vi también –años después– cambiarla por la pesca. Atestigüé que las apuestas de Zeno en la Bolsa no fueron por avaricia, sino para convertirse, según su propia interpretación, no solo en el mejor, sino en el único hombre de la familia. En fin, se me compartió la vida de un hombre extraño, como todos los hombres, que lleva una vida acomodada en los albores del siglo XX en Italia.

František KupkaLa gama amarilla, 1907, Museum of Fine Arts, Houston

Leí y leí sobre la vida de este personaje mentiroso pero “buena gente”, envuelto en su familia y negocios nada más así, por pasar la vida, sin afán de fama u honores públicos. Lo hice con cierta desesperación, acaso provocada por mis propias inquietudes y mi ya mala costumbre al entretenimiento inmediato en forma de videos, memes y chats grupales. No le atribuyo mis prisas a la narrativa melódica y pausada de Ítalo Svevo, por lo demás impecable, sino a la agitación de mis días. No lo niego ni un segundo: quería una novela que arrancara mi atención del día ordinario y me atrapara en un torbellino de emociones y no lo encontré en esta, considerada el primer thriller psicológico jamás escrito. Me sucedió, no obstante, algo inesperado ya en las últimas páginas. Apresurado como iba para brincar al siguiente libro –me había propuesto terminar este, buscando quitarme ese mal hábito de dejarlos inconclusos como el mismo Zeno– encontré unas reflexiones que premiaron mi paciencia.

Italo Svevo, La conciencia de Zeno, México, Axial, 2008,

Zeno destinó largas horas de su vida para encontrar el origen de su imaginaria enfermedad, como muchos hombres contemporáneos. No sabe por qué, pero se considera enfermo. ¿Por qué las cosas no le salen como espera? No hay otro razonamiento, tiene que ser una enfermedad. A través de métodos diversos, incluyendo el psicoanálisis, dietas varias y ejercicios respiratorios, este hombre parlanchín busca encontrar explicaciones para los sucesos y la personalidad que le han tocado en el sorteo de la vida. ¿Por qué no puede dejar de fumar? ¿Por qué le gustan tanto las mujeres? ¿Por qué opta por mentir cuando las cosas se salen de control? El cruce con nuestra época es directo: estamos llenos de Zenos. Los estantes están repletos de libros de autoayuda. En internet se nos ofrecen incontables fórmulas para convertirnos, por fin, en la persona que siempre debimos ser. Incluso son muchos los que pregonan una deconstrucción de la persona –de nuestros valores, creencias y actos– e ignoran que en ello se nos puede ir la vida misma. En La conciencia de Zeno reafirmamos que no somos novedosos. Desde hace siglos nos gusta creer que, si tan solo nos lo propusiéramos en serio, podríamos controlar nuestra vida mediante nuestras propias fuerzas…

Autor

  • Licenciado en Ciencia Política (ITAM) y Director Editorial de Mínimo Necesario. “Sólo tu corazón caliente, /Y nada más. / Mi paraíso, un campo / Sin ruiseñor / Ni liras, / Con un río discreto / Y una fuentecilla.” — Federico García Lorca.

Comparte

Debes ser identificado introducir un comentario.