La sublime sumisión del Islam

De Houellebecq ya había leído Ampliación del campo de batalla (1994) y había decidido no leer jamás otra novela suya. La historia de Ampliación… es la de un hombre de mediana edad, mediocre y decadente, que lleva una vida banal y estúpida en la Francia de los noventa. Una pérdida de tiempo. Luego, por recomendación de un amigo y con la urgencia de hacerme de una buena cantidad de libros para leer durante el confinamiento, me compré la penúltima novela del famoso Houellebecq: Sumisión (2015). La historia sigue a un profesor de literatura de mediana edad, mediocre y decadente, que lleva una vida banal y estúpida en la Francia del 2022. El profesor es experto en la obra de Huysmans, da clases en la Sorbona y “folla” con alumnas y prostitutas por igual. Como breve advertencia al lector, que supongo que ya es insensible a material del estilo y no mostrará la misma repugnancia que yo, varón treintañero, mojigato y retrógrada, mencionaré que las escenas de sexo de la novela no pueden ser clasificadas como eróticas sino simple y llanamente como pornográficas. Por un momento pensé agregar: “pornografía mala, además”, pero toda pornografía es mala. No entraré en la discusión de la nada tenue línea entre pornografía y erotismo, porque no me interesa ni tengo el tiempo, pero menciono este hecho para recalcar las deficiencias de esta novela y, aun así, recomendar ampliamente su lectura.

Libro: Michel Houellebecq, Sumisión, Barcelona, Anagrama, 2015.

Siguiendo con la historia, en la Francia del 2022, dividida por los extremismos eternos de izquierda y derecha y el descontento social ocasionado por las diferencias étnico-culturales igualmente politizadas, un candidato musulmán gana las elecciones y desata un raudal de cambios que, en un principio, pueden parecerle inverosímiles a un lector superficial y que luego, lenta y subrepticiamente, se tornan totalmente creíbles. Y esa es la genialidad de esta novela: el tema distópico de un régimen islámico y a la vez democrático es desarrollado con la contundencia de una obra literaria que demuestra a través de la habilidad de su arte.

En la novela hay largas discusiones sobre política e incluso “filosofía”, pero estas no convencen al momento de comprobar la conversión drástica de la sociedad francesa, y del profesor con toda ella, a la sublime sumisión del Islam. La Sorbona deviene la Universidad Islámica de París, la poligamia es permitida (obviamente sólo para los hombres) y las mujeres portan gustosamente el velo “obligatorio” en los espacios públicos. ¿Y las mujeres empoderadas, el feminismo, la libertad, los derechos, el lenguaje inclusivo, el consumismo, la democracia, la omnipresente banda ancha y el veganismo, es decir, nuestra querida y avanzada civilización, cómo acepta ella voluntariamente una transformación tal?

Peter Krafft, La carga desde la fortaleza de Szigetvár, 1825, Budapest, Galería Nacional de Hungría. Foto del autor de esta reseña observando la imponente pintura.

La respuesta a esta pregunta no se encuentra en un mero enunciado ni en un concepto o una secuencia de razonamientos, sino en la historia misma del protagonista que se desenvuelve magistralmente frente a los ojos del lector. Y el protagonista de esta historia es tanto el profesor mediocre como las sociedades occidentales moribundas y altamente desarrolladas de Europa. Al final, a uno no le queda de otra más que someterse a la argumentación implacable de esta novela. Y todxs sumisxs, todxs felices, ¿a poco no?

Autor

  • Lector y escritor de tiempo completo. Profesor universitario y creador de Cultura Mínima. “¿Y acaso no nos ha sido dada la vida para enriquecer nuestro corazón, aunque ello suponga un sufrimiento?” — Vincent a su hermano Theo, 9 de enero de 1878.

Comparte

Debes ser identificado introducir un comentario.