Introducción a la inseguridad en México

“Ambos pidieron una carta de no antecedentes penales, requisito para encontrar empleo. En ambas aparece la leyenda: ‘Poco confiable’, con letras grandes y más oscuras que las otras impresas en el papel.”

– Javier Valdez, Con una granada en la boca, 2013.

“Eso de reportear el narco es una tarea bien cabrona, intensa, llena de dolor y asombro”, escribe Javier Valdez en noviembre del 2013. “Es salir cada mañana a buscar una verdad para que sepan que los muertos están vivos en busca de sus difuntos”. El reportero se confronta con una realidad que lo sobrepasa. Cuatro años más tarde, saliendo de trabajar, sus palabras quedarán selladas con balas. Sus asesinos lo bajarán del carro, lo obligarán a arrodillarse y le dispararán doce veces; Ríodoce es el nombre del diario en que trabajaba. Uno de los presuntos autores materiales del crimen será encontrado incinerado en Sonora meses más tarde. Otros dos están en prisión preventiva. Y al que se le identifica como el autor intelectual del asesinato, un tal “Minilic”, está dándole al gobierno de Estados Unidos información sobre los cárteles mexicanos, por lo que es inviable que lo extraditen. Hoy, mientras lees esto, se encuentra en una cárcel de máxima seguridad en San Diego.

Escribo esto sabiendo que sorprenderá a pocos y que la mayoría no seguirán leyendo después de estas líneas. Ya sabemos que todo está en un pozo, ¿para qué sacar sus aguas malolientes? México es uno de los países más inseguros del mundo por varias razones: lo sanguinaria de su violencia, sus muy bajas tasas de aprehensión, el narcotráfico, la corrupción gubernamental, los asesinatos de periodistas, las fosas clandestinas, los desaparecidos, la trata de personas, el sub-reporte de cifras, etcétera. ¿Cómo concebir este fenómeno sin diluirlo? ¿Hay tal cosa como lo “mínimo necesario” de este tema? Quizá no.

En esta ocasión, hacemos este somero recorrido acerca de la inseguridad en México buscando tocar fibras. Lo peor que nos puede suceder es la insensibilidad. Lo peor, después de la inseguridad misma.

Niños son evacuados de su escuela por un operativo en Ciudad Juárez. Créditoshttps://waraffectsall.weebly.com/the-mexican-drug-cartel-war.html

Los puntos clave del tema

La situación actual de la inseguridad en MX

Dijo una vez un poeta italiano (Arturo Graf), que la violencia no es sino una expresión del miedo; miedo es lo que vive hoy el mexicano promedio. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU; 1T 2020), el 73% de la población considera que vivir en su ciudad es inseguro. Desde su concepción, esta encuesta no ha reportado niveles inferiores al 60% en este indicador, alcanzando su punto más alto (80%) entre 2017 y 2018, años en que superamos por primera el número máximo de homicidios registrados en el país (27,213 en 2011). La encuesta también nos informa que el 66% de las personas no tiene esperanzas de que la delincuencia vaya a disminuir (34% seguirá igual, 32% empeorará).

¿Qué es lo que genera este ánimo de derrota frente a la delincuencia? Principalmente, la impunidad. México ocupa el cuarto lugar de países en el mundo con mayor impunidad (IGI, 2017). Puesto en cifras, el 93% de los delitos que se cometen en nuestro país no se denuncian y no se resuelven (ENVIPE, 2019). Esto responde a la falta de confianza que tenemos los ciudadanos en nuestras autoridades judiciales a y a la poca capacidad de éstas de sentenciar los delitos denunciados. De acuerdo con la ENVIPE, las dos principales razones por las cuales la población no denuncia son por considerarlo una pérdida de tiempo y por desconfianza en la autoridad. Mientras tanto, el Ministerio Público solo produce resultados en poco menos de la mitad de los delitos que sí son denunciados.

¿Qué podría hacer el gobierno?

Para atender el problema de seguridad es necesario diseñar una estrategia de seguridad pública con base en el fortalecimiento de las capacidades institucionales locales, en colaboración con los demás órdenes de gobierno. Esto quiere decir centrar la solución del problema en las autoridades más próximas a los ciudadanos: policía municipal, ministerios públicos y jueces locales.

Sin embargo, también es importante considerar el rol que jugamos los ciudadanos en la construcción de soluciones. Las capacidades limitadas y la poca eficiencia de los cuerpos de seguridad no son suficientes para hacerle frente a la violencia. Es necesario involucrar a la sociedad civil, la academia y el sector empresarial para construir soluciones colaborativas. Por ejemplo, una estrategia de identificación de zonas de riesgo no puede funcionar si las personas no denuncian. Sin embargo, los ciudadanos no denunciarán si no confían en la capacidad de las autoridades de resguardar su seguridad personal y anonimato, lo que genera así un círculo vicioso. Las instituciones de seguridad sólo serán eficaces cuando obtengan la confianza ciudadana y viceversa, la ciudadanía confiará cuando encuentre a autoridades capaces.

Militar incendia sembradíos de mariguana. Créditos: Washington Post, https://www.washingtonpost.com/graphics/2017/world/how-acapulco-became-mexicos-murder-capital/

Así, para construir estas soluciones podríamos concentrarnos en 4 problemas:

  1. Políticas públicas eficaces en materia de prevención del delito. Por ejemplo, durante el sexenio anterior, el Gobierno Federal creó una política pública llamada Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y el Delito. Mediante este programa se financiaron incontables proyectos que buscaban atender factores de riesgo en poblaciones en situación de vulnerabilidad. Sin embargo, muchos de éstos no contaban con un marco teórico sólido que permitiera conocer cómo ayudarían en la prevención del delito (Nexos). En muchos casos, se trataba de improvisaciones, en otros, de buenas políticas a las que no se les ha dado seguimiento.
  2. Fortalecer a las policías locales. Los policías, tanto estatales como municipales, cuentan con pocos recursos para realizar su trabajo de manera eficiente (económicos, materiales, de profesionalización). La mala gestión, la ausencia de mandos capacitados y la corrupción interna de las corporaciones también afectan la labor de los oficiales y limitan la posibilidad de construir estrategias de seguridad sostenibles en el tiempo. No olvidemos que las organizaciones criminales suelen estar fuertemente armadas y cuentan con importantes flujos financieros.
  3. Mejorar los procesos de la procuración y administración de justicia. La impunidad en el sistema de justicia penal afecta la investigación de los delitos y la reparación de los daños a las víctimas. En general, el sistema de justicia se caracteriza por ser ineficiente y lento y por violar los derechos humanos. Es fundamental mantener la independencia judicial, salvaguardar la integridad física de quienes imparten justicia y ampliar las capacidades de investigación de los ministerios públicos.
  4. Desmantelar el aparato financiero de las organizaciones criminales y penalizar la corrupción política. Hay que combatir el lavado de dinero. Sin recursos disponibles, el crimen se vuelve insostenible en el tiempo. Se deben de seguir las disposiciones internacionales en la materia, así como modernizar los aparatos de vigilancia. Si bien el dinero en efectivo sigue siendo “el rey” en cuanto a manejos sucios concierne, el crimen también opera a través de criptomonedas y diversos intrincados financieros.

Ya pusimos sobre la mesa varios frentes. ¿Hay política más prioritaria para nuestra nación? Creer que el crimen se autorregula es un grave error; entre más grandes son las organizaciones delictivas, más competencia se genera hacia el interior de las mismas, lo que empeora la violencia. No hay que demorarse. México está secuestrado por una minoría criminal. Sí, una minoría. No hay que olvidarlo: somos más los buenos.

Escrito por:

*Benjamín Castro, Lic. en Ciencia Política (ITAM) y Director Editorial de Mínimo Necesario.
*José Martínez, Lic. en Derecho (UABC)

Autor

  • Licenciado en Ciencia Política (ITAM) y Director Editorial de Mínimo Necesario. “Sólo tu corazón caliente, /Y nada más. / Mi paraíso, un campo / Sin ruiseñor / Ni liras, / Con un río discreto / Y una fuentecilla.” — Federico García Lorca.

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