El espejo del mito

Acompáñame en este pequeño viaje mítico. El recorrido seguirá la forma de analema, lemniscata o, para que me entiendas mejor, el símbolo ese que aparece tatuado en la piel de tantas y tantas personas, el infinito. Empezaremos por el final y terminaremos por el principio. También habrá héroes, espejos y un momento de iluminación. Mircea Eliade concluye Mito y realidad con la idea de que los humanos llevamos el pensamiento mítico inscrito en nuestro ser: “Ciertos comportamientos míticos perduran aún ante nuestros ojos. No se trata de supervivencias de una mentalidad arcaica, sino que ciertos aspectos y funciones del pensamiento mítico son constitutivos del ser humano.” Aun a pesar de que el libro fue escrito en la prehistoria (décadas antes de que nacieran Billie Eilish y Greta Thunberg, para que te hagas una idea) el autor atina a darnos un ejemplo muy ad hoc con nuestra época para demostrar a lo que se refiere: los superhéroes. En aquel entonces Superman era el favorito; ahora dominan, en el gusto de las masas, el adolescente Spiderman y sus amigos de raza y género diversos, la Mujer Maravilla, Black Panther, Capitana Marvel y hasta algunos villanos como Thanos, ese ser tan sabio que quiere eliminar a la mitad de la población para restablecer la armonía del universo. Mircea Eliade señala que con estos relatos la gente sacia su sed de historias emocionantes, historias que ponen en juego temas míticos como el de la lucha entre el bien y el mal, el viaje iniciático del héroe, la abolición del tiempo, etc.

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Francisco Goya, Saturno devorando a su hijo, 1819–1823, Madrid, Museo del Prado

La Bhagavad-gita La Epopeya de GilgameshLa Ilíada, El Popol Vuh, las sagas nórdicas, la Chanson de Roland, Avengers: EndgameLos juegos del hambreCrepúsculo: la saga, todas estas obras artísticas colman el instinto mítico de la humanidad, diría Mircea Eliade. Luego continúa trazando la influencia del pensamiento mítico en otros fenómenos de la modernidad, como el nazismo, el comunismo, el arte, los medios de comunicación masivos… Pero creo que estos ejemplos bastan para aceptar provisionalmente su teoría: tú, yo y todos tenemos implantado en nuestros cerebros una especie de chip mitológico. Ahora pregúntate, ¿sirve esto para iluminar nuestra situación, para comprender mejor nuestro contexto? De entrada, la respuesta obvia es que no. ¿Acaso nosotros, seres humanos de pleno siglo XXI, además del gusto ya comprobado por relatos apasionantes, compartimos algo con los aborígenes de Australia, los pescadores del Tigris o el Éufrates, los campesinos de la Europa medieval o cualquier puritano inglés del siglo XVII? Veamos qué aportan los mitos, según Eliade, para poder responder a esa pregunta: “Gracias al mito… las ideas de realidad, de valor, de trascendencia, se abren paso lentamente. Gracias al mito, el Mundo se deja aprehender en cuanto Cosmos perfectamente articulado, inteligible y significativo.” Pff, yo no sé ustedes, pero a mí no me gusta para nada cómo suena todo esto. ¿Realidad? Cada quien define su propia realidad. ¿Valor? Todo es relativo. ¿Trascendencia? No hay nada más allá de esta vida. ¿Cosmos perfectamente articulado? Está científicamente comprobado que el universo está en expansión y que, a nivel micro, el caos y la incertidumbre reinan. ¿Inteligiblesignificativo? Todo es una construcción social, el significado de las cosas es lo que nosotros decidimos que sea.

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Mircea Eliade, Mito y realidad, España, Labor, 1992

Ya que han sido descartadas todas esas ideas como anticuadas, retrógradas, superadas, obsoletas, arcaicas, ¿qué nos queda, entonces, de la teoría de este pensador rumano? ¿No se equivoca al decir que nos parecemos a esos primitivos que buscaban la curación de sus males en la recitación de los mitos cosmogónicos o con rituales de “regreso al origen”? Ahora sí, llegó la hora de la confrontación. Imagina que eres Harry Potter frente al espejo de Oesed, pero sólo que, en este caso, se trata del espejo del mito, ese que se nos presenta en este libro. ¿Qué ves ahí? Te doy unos segundos. Tómate tu tiempo. Es claro que no ves tu reflejo. Ves lo contrario de tu reflejo, ves lo que no quieres ser, ves lo que el progreso infinito de la humanidad, supuestamente, ha dejado atrás. Y aquí termina este breve viaje mítico. Hemos vuelto al principio, pero con una conclusión reveladora, una piedra filosofal en el bolsillo: en el espejo del mito, el humano posmoderno ve lo que no quiere ser, así que destruye el espejo, lo deconstruye, lo deja hecho trizas y lo relega al infierno del olvido, lo cancela. Se dice a sí mismo que sin este espejo ya no queda nada viejo, ya no hay mal, prejuicios, género binario, racismo, lenguaje ofensivo, intolerancia, desigualdad, capitalismo, partidos de derecha. etc. Después se instala un silencio absoluto y el panorama parece infinito, pues ya no hay obstáculos para el advenimiento de la felicidad total. Pero espera… Algo recorta el espacio y el silencio. ¿Qué es esto? Una pequeña mancha interrumpe el terreno sublime de la utopía. Lentamente la mancha va adquiriendo una forma conocida. ¡¿Pero qué es esto?! ¿No habíamos ya desechado ese espejo y anunciado un nuevo amanecer, un nuevo comienzo de todo, una nueva época en la que la mitología quedaba desterrada para siempre? Ahora que te vuelves a parar frente al espejo, su superficie pura te refleja algo asombroso y terrible: el mito del ser humanx nuevx. Y cuidado, este mito no tolera detractores.

Autor

  • Lector y escritor de tiempo completo. Profesor universitario y creador de Cultura Mínima. “¿Y acaso no nos ha sido dada la vida para enriquecer nuestro corazón, aunque ello suponga un sufrimiento?” — Vincent a su hermano Theo, 9 de enero de 1878.

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