Camino de Caná: recién casados recorriendo México

*Por Daniela González y Benjamín Castro

Estamos recién casados y decidimos empezar nuestro matrimonio viajando durante medio año por la república. Nos enlazamos a finales de abril y esa misma semana preparamos una camioneta con provisiones, una casa de campaña que se monta en el techo y mucha ilusión. En esta serie publicaremos nuestras mejores vivencias, elementos de nuestra ruta, reflexiones sobre la vida en pareja y ocurrencias de viaje. Todo es tan bueno y estamos tan agradecidos por poder vivirlo que queremos compartirlo. Esta serie de escritos junto a nuestras fotos en Instagram (@caminodecana) es la forma más directa de acompañarnos.

Nuestro vehículo en medio del desierto bajacaliforniano. Arriba, nuestra casa de campaña plegable.

Comenzamos

Tomamos rumbo en abril del 2021. No queremos entretenerlos con los múltiples detalles de la preparación antes de la salida. Baste decir que colapsamos los asientos traseros de una Jeep Cherokee y le inauguramos distintos compartimentos: cajoneras para la ropa de cada uno, una pequeña cocina de gas, una carpa, sillas plegables, cargadores para los electrónicos, una hielera, un Rosario, un hacha… En el camino iremos definiendo qué tanto de esto será prescindible. De momento, todo se siente necesario y suficiente, como si vivir bien requiriera apenas de algunos instrumentos para hacer las tareas esenciales de vestirse, comer y rezar. Alistamos la camioneta con buenas llantas, repuestos para el cambio de aceite y selladores por si nos ponchamos en algún paraje insólito. No viviremos en lo salvaje todo el tiempo. Según nos vayamos sintiendo, pasaremos a distintos hoteles para reponer nuestras fuerzas. No huimos de la civilización, sino que la usamos para ver más allá de lo metropolitano. Creemos que la tecnología será nuestra aliada y que nuestro gozo será mayor conforme usemos lo aprendido hasta hoy para vivir el día a día. Las rutinas laborales, la comunicación (justamente limitada) y algunos otros hábitos citadinos se vienen con nosotros. Atrás dejamos el tedio, las aglomeraciones y el sedentarismo hasta que volvamos. Nos vamos para regresar.

Comenzamos por Baja California, de donde somos oriundos, estado de magnífica naturaleza y sencillez turística. Dice su himno estatal:

Su tesoro te ofrendan las minas,

su opulenta riqueza los mares,

tu campiña, algodón, olivares

y maizal y viñedo y trigal.

Baja California es el tesoro natural mejor guardado de México hasta donde alcanzamos a ver. Las montañas que bordean el Mar de Cortés, como atalayas eternas, traslucen los atardeceres con un brillo especial. El mar, turquesa, marino, celeste, violeta o rosa según la hora del día. Las playas vírgenes. La hondura del cielo nos impulsa hacia allá arriba, como si pudiéramos alcanzarlo.

Apenas uno sale de las grandes ciudades de Tijuana y Mexicali y percibe la magnificencia de estos parajes bravos. Gozamos de la tecnología suficiente para recorrer estos tramos cuya aridez y hostilidad climática no pudieron dominar los españoles hace tantos años.

Construcción abandonada cerca de San Felipe, Baja California. No hay mucha actividad religiosa en esta zona, pero el grafiti llega a todos lados.

Después nos aventuraremos a la república misma. Bordearemos las costas del Pacífico y las del Atlántico, pasando por el conjunto de estados que las comprenden. Anticipamos con emoción el Caribe, las selvas, los sitios antiguos y las ciudades bulliciosas. No queremos ser turistas o «influencers«, sino simples mexicanos con una curiosidad viva. Queremos que nos guíen el instinto y las buenas recomendaciones; iremos estudiando Historia, buscaremos leyendas, contemplaremos paisajes y comeremos mucho. Quizá también busquemos oportunidades para hacer negocio. Nada nos priva de conectar oferta y demanda entre uno y otro estado o de encontrar tesoros escondidos. Todo está abierto, todo está por delante.

¿Por qué lo hacemos?

Decir que lo hacemos simplemente «porque queremos y podemos» se quedaría corto. Nos impulsa algo más. Lo primero es un hambre de vivir intensamente, sin excusas y sin miedos. Creemos que esta llama es común a todos, que a cada uno nos quema aunque queramos apaciguarla y que su origen es Dios. Sí, Dios es el comienzo de este viaje y detallaremos por qué en futuros escritos.

Lo segundo es el matrimonio mismo, para nosotros un sacramento ineludible, profundo y seminal. Queremos conversar sobre los alcances de un matrimonio en esta época, tan llena de esquemas confusos y voces pesimistas. Más allá de las narrativas que buscan encasillar la alianza libre y permanente entre un hombre y una mujer entre los extremos de un simple «trueque» o como una especie de «final feliz» donde la vida acaba, sostenemos que el matrimonio es mucho más: una alianza noble y permanente donde la libertad de arriesgarse se hace por el bien de la propia familia. Somos una nueva familia y al viajar la nutrimos con experiencias, imaginaciones y nuevos vuelos. ¿Qué mejor inversión?

Finalmente, buscamos nuestra identidad como mexicanos. Enfadados de los discursos políticos que abaratan el patriotismo, queremos ver con nuestros propios ojos las realidades de nuestro país sin caer en las imágenes trilladas de hoy en día. Nos preguntamos «¿Qué significa ser mexicano hoy?» y «¿Qué significa ser en México hoy?». Estas preguntas nos mueven entre las carreteras de nuestro país y nos llevarán a quién sabe qué tantos pueblos y rincones.

Estas tres razones nos hacen compartir todo esto, a no dejarlo oculto en nuestro «álbum familiar» aunque sin lugar a dudas haya cosas que se quedarán solo entre nosotros. De aquí que nos animemos a publicar un poco de todo y según nos organicemos. Esperamos inspirar a más personas a viajar de este modo y a reflexionar con nosotros. Nos entusiasma enormemente hacerlo. Nunca hemos hecho nada igual y esto supera las expectativas que teníamos sobre esta época de nuestra vida. Por ello empezamos con las palabras mágicas que nos han conducido hasta aquí: «gracias».