Estudió Ingeniería Química en la UNAM, tiene experiencia en la excavación de gasoductos y ahora trabaja en el sector de energías renovables. Las largas horas bajo tierra, sin luz del sol o compañía humana, moldearon su atracción por la literatura grotesca, de terror y ciencia ficción. Es el principal representante del género queer subterráneo en México.

México, Distrito Federal, 1969. De gabardina y sombrero de ala encontramos a Filiberto García sentado en un café de chinos. Fuera de esa cicatriz en su mejilla izquierda, nada en él despierta nuestra curiosidad. Sólo usted sabe, amable lector, (y eso porque tiene el privilegio de escucharlo de mí) que Filiberto anda metido en una intriga. Una intriga internacional, como de esas que pasan en las películas gringas. De su gabardina saca un paquete de Delicados y unos fósforos, enciende un cigarro y lo fuma. Devuelve el paquete a su lugar… ¿Se dio cuenta? ¿No? No se preocupe, que para eso estoy aquí. Si observa bien, puede notar un bulto extraño en la gabardina, en su costado derecho. Por supuesto que es un arma: una cuarenta y cinco para ser exactos. Y es que si en algo es bueno Filiberto, es matando. Aunque justo sobre eso le advirtió el Coronel: “no haga uso de violencia a menos que la situación lo requiera, pero siempre con discreción, García, siempre con discreción”.