Estudió Relaciones Internacionales en el ITAM y la maestría en Estudios de Traducción en Kent State, Ohio. Tiene experiencia en el gobierno, el sector privado y como profesora universitaria. Está casada y tiene dos hijos.

Espero que estés bien y saludable a pesar de esta situación. Te escribo para pedirte tu opinión respecto a algo muy curioso que he estado haciendo para sobrellevar los días de confinamiento. ¿Has escuchado cómo algunas personas han recurrido al ejercicio y otras a la meditación? Pues yo –en cambio– he comenzado a hacer equinoterapia. Así como lo lees: equinoterapia, sin salir de casa y sin caballo. Verás, un día –ya no recuerdo cuándo– comencé a leer Obras completas (y otros cuentos) de Augusto Monterroso. Cuando leí su famoso microcuento –que era lo único que ya había leído de este autor– no sabes la alegría que me dio y lo contenta que me puse. A pesar de todo lo malo, todavía estaba allí. Al día siguiente, por casualidad lo volví a leer, pero ya no sentí gusto. Esa vez me produjo angustia saber que todavía estaba allí y sentí una impotencia terrible de no poder hacer nada al respecto. Sorprendida por este cambio tan drástico de percepción, hablé con una psicóloga y terapeuta al respecto.