Así será tu trabajo en el futuro

Lo escuchamos de vez en cuando y después se ahoga en un mar de noticias: “el trabajo en el futuro no será igual”. Se nos dice que la automatización, la globalización y el envejecimiento de la población cambiarán para siempre la dinámica laboral. De vez en cuando, nos topamos con alguna estimación contundente como que el 65% de los niños que actualmente están en la guardería tendrán un trabajo que aún no existe o que cerca del 50% de los trabajos serán automatizados. Pero aún no terminamos de comprender cómo y cuándo sucederá.

El futuro del trabajo debería ser un tema central para todo gobierno. Mediante el trabajo se forma el patrimonio familiar, se obtienen fondos para el erario público y se les da a las personas un propósito para levantarse diariamente. Al trabajar propiciamos que nuestra sociedad siga funcionando, así de sencillo. Y si en el horizonte inmediato vemos cambios tecnológicos tan fuertes que cambiarán por completo nuestra forma de trabajar, ¿no deberíamos prepararnos con gran ánimo para enfrentarlos? ¿Cómo hacerle para que haya oportunidades para todos? ¿Cómo crear trabajos decentes, es decir, estables y bien remunerados?

En este número te explicamos lo mínimo sobre el porvenir del trabajo. Desglosamos las tendencias y retos y algunas propuestas concretas de política pública. Hacia el final te decimos cómo puedes prepararte tú para estos cambios.

Trabajadores en plantaciones de Rwanda, 1991. Fotografía: Sebastião Salgado. Extraída de: https://publicdelivery.org/sebastiao-salgado-workers/

Los puntos clave del tema

Empecemos balanceando algunas ideas. En primer lugar, no es cierto que el desarrollo tecnológico traerá más desempleo. La tecnología no solo destruye trabajos, sino que también los crea y los transforma. Se estima que solo el 14% de los empleos está en riesgo de ser sustituidos por la automatización de procesos. Por el contrario, se espera que el avance tecnológico incremente el empleo en 0.5% anualmente a nivel global. En segundo lugar, desconocemos el ritmo con que sucederán estos cambios y qué industrias y regiones serán las más afectadas. Habrá giros que quizá prescindan de sus empleados, como Uber que le apuesta a crear autos que se conduzcan solos. Y hay otras industrias que difícilmente verán cambios, como la enfermería y la crianza de niños pequeños.

Con esto en mente, identificamos cuatro fuerzas que están cambiando la forma de trabajar.

  • Nuevas tecnologías. En este rubro hay dos grandes “disruptores”: la robótica y la Inteligencia Artificial. Ambas tecnologías propician la automatización y vuelven los procesos más veloces. Como ejemplo, mencionamos a los algoritmos que identifican fraudes en tarjetas de crédito y a los robots microscópicos que asisten a neurocirujanos.
  • Globalización y la urbanización. Sabemos que las economías nacionales están tan conectadas entre sí que el 40% de los empleados de países de la OCDE producen bienes demandados por otras naciones. Adicionalmente, los empleos crecen sistemáticamente en las grandes ciudades, sobre todo para quienes tienen un título universitario.
  • Amplia diversificación en los contratos laborales. Seguirá siendo de uso común hablar de contratos sin garantía en las horas de trabajo, de empleados temporales y de auto-empleados (freelancers) que trabajan simultáneamente para varias compañías. Adicionalmente, el COVID-19 acentuará los trabajos remotos. Como observamos en la empresa Twitter, que permitirá a sus trabajadores laborar desde casa “para siempre”, esta dinámica llegó para quedarse.
  • Envejecimiento poblacional vertiginoso. Se calcula que en menos de 50 años, México será un país en el que una proporción importante de su población tendrá más de 65 años.

Resumámoslo diciendo que viviremos en un mundo automatizado, notablemente más desigual y con megaciudades de muchos viejos. Será un mundo que traerá grandes ventajas para quienes adquieran las habilidades que requieren las nuevas tecnologías. ¿Qué trabajos nos esperan? Los expertos auguran la consolidación de tres nuevos tipos:

  • Los “trabajos-frontera” (frontier work), es decir, trabajos donde se inventan, producen o mantienen las nuevas tecnologías. Algunos ejemplos son la integración de robots, la optimización de motores de búsqueda y la radiología. Se trata de trabajos muy bien pagados que serán realizados por egresados universitarios.
  • Los “trabajos de última milla” (last-mile work), que consisten en realizar las actividades residuales de procesos altamente automatizados. Como ejemplo encontramos a los operadores de call-centers, a “clasificadores” de contenido digital y a quienes capturan información en bases de datos. Son trabajos con sueldos bajos y fácilmente reemplazables.
  • Los “trabajos para ricos” (wealth work), que surgirán por el nuevo poder adquisitivo de los trabajadores-frontera. Se trata de servicios de lujo, como “técnicas” de tratamiento de uñas, terapeutas para perros, entrenadores personales y coaches motivacionales. Tampoco suelen ser trabajos bien pagados ni que requieran de mucha capacitación.

Vamos, pues, a la pregunta que todos queremos contestar: ¿quiénes ganarán y quiénes perderán si se cumple este escenario? Algunas investigaciones sugieren que los grandes perdedores del futuro serán los empleados de la clase media-baja: trabajadores en la administración básica y en la línea de producción. Dicha pérdida se acentuará con el comercio internacional, pues, al ser trabajos que se pueden automatizar fácilmente, suelen ser importados de países que los “maquilan” y compiten entre sí para proveerlos a menor precio. Por el contrario, tanto los trabajos altamente capacitados como las labores más básicas seguirán creciendo y por razones distintas. Los primeros porque la tecnología los hace ser aún más productivos, los segundos porque son actividades difíciles de automatizar (peluqueros, sastres, limpiadores de ropa, etc.)

En México, el escenario está un poco más complicado. Estamos atorados en un círculo vicioso que genera empleos precarios, provocado por la informalidad y la alta rotación del mercado laboral (ver Gráfica 1). Por un lado, para los empleadores no es atractivo capacitar a sus trabajadores durante la relación laboral; esto por la inestabilidad en el empleo. Así, los trabajadores se vuelven menos productivos y atractivos para el mercado. Y si llegan a perder su empleo aceptan cualquier nueva oferta de trabajo, incluso si es informal, lo que repite el ciclo. En suma, no se capacita a los empleados porque son inestables y los empleados son inestables porque, al no ser capacitados, son fácilmente reemplazables. En nuestro país, solo el 35 % de la población económicamente activa ha recibido capacitación para el trabajo alguna vez. De este grupo, el 25 % recibió tal capacitación en una institución educativa y solo el 3.4 % la recibió por la empresa que lo contrató (datos del CEEY).

Gráfica 1. El círculo vicioso de empleos precarios en América Latina.

El círculo vicioso de empleos precarios en América Latina. Fuente: Alaimo et al. (2015). Consultado en https://ceey.org.mx/wp-content/uploads/2019/05/Educaci%C3%B3n-y-trabajo-digno.-Un-camino-hacia-la-movilidad-social.pdf

Lo que podemos hacer

Nos proyectamos, pues, como un país de trabajos fácilmente reemplazables y no estamos capacitando lo suficiente como para revertirlo. ¿Qué se puede hacer? Veámoslo en dos frentes: el primero, cómo puedes tú afrontar esta realidad y colocarte como un candidato atractivo en el mercado; el segundo, qué políticas públicas se pueden implementar para mejorar las condiciones generales.

  • Lo que puedes hacer tú: capacitarte inteligentemente. Las habilidades requeridas para los trabajos del futuro están sujetas a tu contexto específico, no es lo mismo trabajar en Monterrey que en Manchester. Sin embargo, hay habilidades que son valoradas en todos lados. La investigación más reciente habla de conjugar dos núcleos (ver Gráfica 2). En orden de importancia: las habilidades soft, es decir, la capacidad de decidir, trabajar bien en equipo y tener buena perspectiva social; y las habilidades hard, que se enfocan en las destrezas cuantitativas y digitales. Si desarrollas ambas, estás del otro lado.

Gráfica 2. Aumento salarial para trabajos con habilidades blandas (soft skills)

En la gráfica se miden los cambios acumulados en salarios reales por hora según el tipo de ocupación, 1980–2012. Año base: 1998. Los datos corresponden a países de la OCDE. Fuente: Deming (2017). Consultado en: http://www.bollettinoadapt.it/wp-content/uploads/2019/07/randstad-singapore-flexibility-at-work-report-2019.pdf
  • Lo que podría hacer el gobierno. Nos caerían bien políticas públicas que cambien los planes educativos y generen una población mejor capacitada; facilitar la movilidad de los trabajadores entre distintos tipos de trabajo, por ejemplo, generando mejores esquemas de seguridad social; aumentar las colaboraciones entre empresas públicas y privadas; y, finalmente, garantizar buenas condiciones de trabajo, independientemente de los contratos particulares de los trabajadores.

Los frentes son muchos y el reto amplio. El trabajo seguirá cambiando y no queda más que adaptarse. La buena noticia es que las habilidades acumuladas de la población están altamente correlacionadas con el crecimiento económico de los países. Se nos presenta así un camino certero hacia el futuro: desarrollemos — cada quien — las mejores habilidades posibles y hagamos crecer nuestra economía nacional.

Escrito por Benjamín Castro, Lic. en Ciencia Política (ITAM).

Autor

  • Licenciado en Ciencia Política (ITAM) y Director Editorial de Mínimo Necesario. “Sólo tu corazón caliente, /Y nada más. / Mi paraíso, un campo / Sin ruiseñor / Ni liras, / Con un río discreto / Y una fuentecilla.” — Federico García Lorca.

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